Pa´labrar las inteligencias colectivas: colaborar, codiseñar y cosechar

29/10/2024 - Por Diana Montoya Cardona

La invitación fue sencilla: vamos a situarnos en el contexto de la labranza, de la tierra, de las semillas, de los jardines y la (in)fertilidad, para hablar de confianza, de inteligencia colectiva, de trabajo colaborativo y de innovación educativa. 

Esta invitación abierta realizada por Paula, estudiante de Literatura y de Teología, fue acogida con entusiasmo y con algo de cautela por Nathali y Sayarii, de Artes Visuales y por Juan Carlos y Elizabeth, de Ingeniería Electrónica, quienes se han atrevido a trabajar hombro a hombro en procesos que involucran a profesores y estudiantes y por esta razón fueron los protagonistas del conversatorio "Pa´labrar las inteligencias colectivas: colaborar, codiseñar y cosechar”, que tuvo lugar en el marco del IX Foro Korczak de innovación educativa. 

Y poco a poco la conversación fue fluyendo y haciéndose más profunda, con un público que reaccionaba tímidamente al principio pero que se dejó cautivar por las reflexiones compartidas para terminar con aplausos, risas y silbidos, todo ello mediado por unas figuras de papel: corazones, flores, regaderas y tijeras, que se levantaban para representar las reacciones que generaba la conversación.  

“Confiar es darnos la oportunidad de ser vulnerables, de abrirnos y mostrar aquello que muchos no ven” fue la primera reflexión de Elizabeth. Nathali, por su parte, agregó “la confianza es una promesa y es difícil de cultivar; la confianza está por construir siempre: un día florece y otro día se va; si se rompe, hacerla volver es difícil”. Tras estas primeras confesiones, los presentes nos empezamos a sentir identificados: confiar no es fácil, particularmente cuando se trata de relacionarnos con aquellos que percibimos como diferentes.  

En el contexto educativo, como en la sociedad, hay preconcepciones que se reproducen y que generan distancias: “los ingenieros son cuadriculados, mientras que los artistas son creativos”; “el profesor es inalcanzable”. Esta premisa puso de presente el reto de trabajar con “tierras muy diferentes”. En palabras de Sayarii “si uno se ubica frente al otro de todo corazón, es posible dejarse interpelar, ser poroso y encontrar afinidades”. ¿Qué pasa cuando, además, se trabaja en tierras que no son armónicas, cuando surge el conflicto? Hay que encontrar un micelio, respondió Nathali, una estructura que, a semejanza de los hongos, nos conecte a pesar de las rigideces de nuestras estructuras sociales y mentales. El primer paso para conectarnos es reconocernos. 

La conversación continuó desarrollándose sinuosamente hasta llegar a un punto doloroso: “El desafío es trabajar en territorios muy heridos. Hay asuntos muy difíciles, como reconocerse uno mismo como el territorio herido: en este bonito jardín yo soy la que está herida” planteó Nathali y, entonces, se levantaron los papeles con corazones, flores, regaderas… el auditorio estaba conmovido. 

Juan Carlos, por su parte, aportó una semilla que podría dar origen a muchas otras conversaciones “se requiere confiar y desconfiar, construir y deconstruir… la innovación requiere de esa dialéctica: confiar y desconfiar; la certeza de lo que sé, pero también de mis ignorancias; esos antagónicos son brutalmente importantes, los procesos opuestos: el análisis, la síntesis, lo individual y lo colectivo”.  

Si se trata de hacer una síntesis, que en todo caso no hace justicia a la riqueza del conversatorio, este fue un espacio en el que pudimos disponer nuestro corazón para hablar de las alegrías, de los dolores y de los fines trascendentes de la labranza colectiva, pues para trabajar juntos se necesita, ante todo, “paciencia, que es la capacidad de perdonarnos y empezar de nuevo y también, libertad para decidir cuándo y dónde podemos dar frutos”.